Hacia el Oeste,
en la montaña hay una gruta,
huele a tristeza y a eternidad,
como la historia antigua y el perdón.
Allí un diluvio se concentró en los ojos de un pez milagro,
en el pensamiento de las estrellas,
el lecho donde la lluvia ofrece el techo a la noche,
un río inmóvil esperando las nubes,
mientras los relámpagos susurran
y esto es lo último que se oye.
